Bert Stern (1929 – 2013), el ‘Mad Men’ de la fotografía


Pocos fotógrafos han pasado a la historia como lo hizo Bert Stern, artista norteamericano famoso por retratar a Marilyn Monroe por última vez, en 1962. El fotógrafo murió el pasado martes a la edad de 83 años, justo cuando hace unos meses se había estrenado el documental ‘Bert Stern: the original Mad Man’. Stern captó los rostros y personalidades de muchas figuras del Hollywood clásico de los 50 y 60, pero también se interesó por el mundo de la moda. Fue allí donde se codeó con importantes modelos como Twiggy e Iman. En la década de los 60 se convirtió en uno de los fotógrafos más codiciados del planeta: todas las modelos querían ser fotografiadas por él.

Campaña de Martini con una pirámide egipcia de fondo

Bert Stern empezó en el mundo de la publicidad, en el Nueva York de los 60, y rápidamente fue subiendo el escalón profesional liderado por tipos que más tarde inspirarían a personajes de Mad Men, aclamada serie de televisión de AMC. Stern llegó a ser uno de esos hombres: carismáticos, mujeriegos, con talento y creatividad, dos aspectos que llegarían al éxtasis con el consumo de drogas. El propio Stern aseguró en varias entrevistas que el consumo de drogas fue beneficioso y a la vez negativo para él. Su círculo de amistados y sus conocidos del mundo del espectáculo le suministraban LSD y ácido, dos estupefacientes que se popularizaron en esa época. Sus campañas para Martini y Revlon lo convirtieron en un fotógrafo de éxito, llegando a fotografiar a Gary Cooper, Marcello Mastroianni, Catherine Deneuve y, cómo no, a Marilyn Monroe. El idilio entre Marilyn y la cámara de Bert fue instantáneo. Las fotografías de Marilyn Monroe en 1962, semanas antes del suicidio de ésta, dieron la vuelta al mundo y causaron una gran controversia. 50 años después, estas instantáneas siguen siendo objeto de deseo de miles de aficionados a la fotografía, así como por fans del Hollywood clásico. La mirada de Marilyn, una mujer rota, sumida en la depresión, desnuda ante la cámara de Bert, quien supo captarla tal y como era, por dentro y por fuera.

Nos ha dejado uno de los grandes de la fotografía. Rest in Peace, Bert!

Twiggy

Jean Shrimpto

Marcello Mastroianni

Marilyn Monroe

Constance Wilde, una mujer de armas tomar


Todos conocemos la historia de Oscar Wilde: un escritor del siglo XIX, icono del dandismo, que desafió las normas sociales de la época y proclamó abiertamente su condición homosexual. Fue condenado por ello, ante una sociedad victoriana impasible y repleta de tabúes. Entre sus obras más conocidas se encuentra ‘El retrato de Dorian Gray’ y ‘La importancia de llamarse Ernesto’. Se casó con Constance Lloyd, hija de irlandeses de clase alta. Se sabe muy poco de ella, a diferencia de su célebre marido. En Gran Bretaña se acaba de publicar una biografía sobre la misteriosa (e independiente) mujer de Oscar Wilde.

Constance con uno de sus hijos

Constance Lloyd, más tarde Constance Wilde, fue una mujer avanzada a su época: estudió en la Universidad, motivada por su padre, y a los 20 años de edad ya vivía de forma independiente, algo impensable en la sociedad victoriana del siglo XIX. Escribió poemas y algún ensayo, y probó suerte en el mundo del periodismo, aunque en poco tiempo se enamoró del joven Wilde. Era un hombre encantador, con un estilo peculiar, pero enseguida se gustaron. Constance hizo caso omiso a los rumores de homosexualidad de Oscar, y decidieron contraer matrimonio. Padres de dos hijos, su relación se complicó con los arrestos de Wilde por escándalo público, y por sus relaciones homosexuales con Bosie, un chico de 21 años, y menores de edad. Pero esto no impedía que los dos frecuentaran los mismos clubes sociales de la época, donde se permitía la entrada a las mujeres. Incluso la pareja se unió al movimiento de reforma del vestuario, el cual promovía el uso de pantalones entre las mujeres.

Constance se cambió el apellido para distanciarse de los escándalos de Oscar, y le retiró el permiso de paternidad de sus hijos. Además, se negó a suministrarle dinero a su marido una vez saliera de la cárcel, a menos que hubiera roto su relación con Bosie. Murió de parálisis en Italia en 1898, donde fue enterrada. Sólo tenía 39 años.